POEMAS
INÉDITOS DE JOSÉ MANSILLA CONTRERAS.
Nuestro gran poeta de la Patagonia Chilena, sigue creando sus
poemas llenos de paisaje y sentimiento, de vida plena, de observador
del entorno y sus habitantes, que plasma con belleza y sutil
mirada certera.
A continuación una muestra.
Uno.
La
razón estuvo en la carretera
y circular era el fundamento de lo increíble
huesos y restos de carne
confirman lo indecible
después el viento se llevará
la memoria golpeada
y
los alambres apuntarán al cielo
y
el horror ya no será inocente
conducir
es un modo de poder
y el camino una vía
para perderse en los pretextos
total toda lluvia
borrará la ira enferma
la neblina verde
los cabellos ardiendo
en medio de los ojos estupefactos
en que el olvido en crespones oscuros
cierra la puerta de sí mismo
para abandonarse en la ignorancia
subterfugio fiel de la educada formación
animal insomne mordiendo el polvo de la locura
La
brutalidad es una torcedura ciega al devenir.
Dos
Las
calles existieron en medio de la luz
o en las señas de vehículos que cruzaron el amanecer
en esos día no hubo caminos
se abrían con la marcha colectiva
con hombres y mujeres que fueron más felices
en faroles azules y rojos por casas de madera
salones que barajaban palabras y risas
piezas que endebles soportaban el crujir de camas
barullos que el rumor de los ríos
se llevó tierra abajo
Allí
los límites se perdieron
no era la noche ni la frontera
sólo la conciencia de existir un momento
una ciudad hecha con el tráfago del gentío
que cruzó de tarde en tarde
las sendas el ripio enrarecido
la aureola de nuestros muertos
fuentes de agua que como espejos
activaron imágenes de ventanas abiertas
al viento de afuera
desde ahí sonrisas plásticas nos traducen
como postales en la inmovilidad
ajenas al fluir de mallines y ventisqueros
a las voces solitarias en “la memoria del humo”
*
·
Gustavo de vera.
TRES.
Danza
en las esferas del viento
Donde las sábanas etéreas
Envuelven las cabelleras
Y las estrellas
relatan
el canto de nuestros muertos.
Cuatro
de
qué modo se habla
en estos cruces de ríos
de
cómo las conversaciones
se escuchan en el monte
y
así otros confunden
nuestros oídos con cada hachazo
después
del sueño
ningún bosque recuerda
lo fantasma que somos.
***
Cenizas
en la tarde.
Volveremos
desde la tarde agasajada
Y cantaremos en la noche invertida
Nada
hay tras el infortunio
Lo
sé porque el viento habla de nosotros
Y murmura la niebla sobre los vasos vacíos.
Coi-aike
(Allí donde hay agua)
Es
la gente convertida en cerrazón
Que camina al borde de las candongas
En el límite del silencio
A punto de convertirse en alud
O desaparecer en el humo
Salvo
el aire que avientan al mar o la pampa
Guardan artificios en los fogones
Una luz que olvide para siempre
La tierra inclinada que los cobije.
Cinco
el
baile reflejó
el desguasamiento de los cuerpos
el sudor que traspasaba el espejo
y
la pasión estuvo
en la soledad de ser uno mismo
cada amanecer
vueltas
engañosas al tiempo pasajero
en las válvulas del propio corazón.
***
Se hizo agua el silencio
Como burbujas tendidas en la arena
Sonó la música de radio
Y oímos enterrados en la tierra
Conversaciones de aire:
Círculos
de palabras que navegaron
Entre los caireles de luz y sombra.
Músicas
de Verduleras.
Una
nota suena
En ríos subterráneos
Allí donde la lluvia ha marcado
Una glosa, un vals criollo
Músicas amplificadas por la atmósfera
Aguas canoras en los huesos de los ventisqueros
Valles glaciales que se escuchan
Con la oreja puesta en la tierra
Con mil acordeones
Que bajan
Y estiran
Sus belfos
Hasta el mar
Pensamientos
amarillos en el último momento.
Estado Provisorio.
Desandé mis pasos, vine para quedar mirando al techo
Con los ojos rondando por la oscuridad
Ese día llovía intensamente invernal
Un sábana gris cubría el techo azul
Mi madre asombrada como siempre me vio llegar
Entre llantos y dolores silenciosos,
La queja es una digna parcela reservada a los amorosos
Que no se escucha, que se lleva el éter por los aires
Pensé en que a tientas descubría los relieves
de la pampa
Para llegar a mi casa, donde un vela alumbraba la tierra.
Anduve
por barriales y mallines
Por pampas secas y cerros pedregosos
Allí mi guardián ese perro negro que es la muerte
Puso un norte sobre mi cabeza
Así se me extravío, como suele suceder de continuo
Miro a mi izquierda con el rabillo del ojo
Y allí está ladrando como siempre a la vida
Y me digo, que aun no es tiempo
Tras
mis pasos un cordel con pañuelos
Me señalan que no he vivido en vano
Que fue necesario el espanto y el asombro
Que aun me duele el escopetazo sobre tu corazón
Que la desazón quiera llevarse a mis seres preciados
Que la pobreza siga siendo un círculo hermético
Que egoístas como somos vivamos en un metro cuadrado
Que el país , lo que queda de él, lo disputan
a pedazos
Por unos miserables negocios, por aquellos que creen
que nadie más vivirá después.
Quiero
que el mundo esté en mi horizonte
De un viaje en lancha desde Caleta Tortel a Puerto Edén
Donde Alacalufes con espejos en las manos
Nos reflejen la identidad borrosa que somos,
En Cholula, México, donde centenares de humanos
Esperan por una respuesta en el Plaza Central
Y voces en murmullo siguen habitando allí.
De
la mano de ti, compañera, quiero habitar
Los fríos de Rusia, en ese valle extenso que es,
Donde las casas de madera guardan la nostalgia
De Serguei Esenin, o de los olorosos campesinos
Cerca de San Petersburgo.
Caminar por las calles de Atenas y descubrir por fin a Ariadna
Enredado en mi propia madeja en los laberintos de la Conciencia.
Así,
con que quiero aun vivir, este mundo ya no será un pañuelo,
Más bien la comprensión de que en la Patagonia,
por sus páramos y ventisqueros,
Un hombre y una mujer juntos le dan esperanza
A un tiempo confuso, en que descubrimos
Que somos breves llamaradas,
“hogueras que encendemos desde aquí abajo
para que alguien nos vea”
Coyhaique, 23 de Julio de 2004.