Pinturas del río Pedregoso ( Chile Chico, Aisén)
Panorama histórico y
cultural de Aisén - XI región

 

 

Río Aisén
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  • Colaboraciones


AISÉN: ENTRE EL TRUCO Y LA TABA
Enrique Valdés
Universidad de los Lagos Osorno


Con toda razón, un rasgo que emociona y distingue a esta región, es el legítimo orgullo de los actuales descendientes de colonos y de primeros pobladores por aquellos que hicieron de Aisén, en menos de cien años, lo que es hoy. Hacer una casa, limpiar un potrero, ocupar un cerro, instalar y fundar una familia y muchas veces educar a los hijos en una provincia donde el Liceo apreció recién en la década del 50. Y a pesar de la invasión de la música ranchera, Aisén ha sabido construir una auténtica tradición artística en música, en plástica y en la literatura, que hoy puede lucirse en el país como algo auténtico y perdurable. En esta tradición se amalgaman los elementos culturales argentinos; la representación del gaucho y sus costumbres: el mate amargo, el asado parado, el estilo de la milonga, la vidalita, el vals criollo en las creaciones de El Malebo; la presencia citadina en la original música del Dúo Trapananda y el innumerable y valioso aporte de voces y creadores individuales que más bien de manera inconsciente y por el puro peso de la historia de su entorno, han logrado convertir en arte sus vivencias y su cariño por esta tierra.
A este doble rasgo poblacional de Chilote y Gaucho hay que agregar un tercer elemento en el actual crisol de nuestra identidad regional. Lo constituye el funcionario público, el empleado o profesional que llegó a Aisén atraído por expectativas de ahorro o del pago de zona que, en muchos casos, significaba el 100 % de sueldo. Se trata del funcionario bancario, del uniformado, del profesor, del reciente profesional independiente –abogado, dentista, doctor, agrónomo, veterinario- que viene por un par de años y termina quedándose por toda la vida. Muchos de estos funcionarios son lo que dan las luchas por causas que exceden los problemas estrictamente regionales para transformarse en fechorías contra la humanidad.
Son ellos, precisamente, los que han rotulado a Aisén como Reserva de Vida, dada la preservación y el cuidado en que se mantienen extensas zonas aún libres de toda contaminación. Son ellos junto a nosotros, los que en estos mismos momentos luchan contra las corrientes economicistas y mercantilistas que, en nombre del progreso, el trabajo y la modernidad, intentan instalar en Puerto Chacabuco una planta refinadora de Aluminio, amparado por Alumina, una empresa transnacional de capitales canadienses, Noranda. De Aisén, Reserva de Vida a Aisén, Basurero Industrial de los países desarrollados que no encontrarían en ningún otro lugar del planeta un escenario impoluto que guarda la mayor reserva hidrográfica del mundo, que le venda o arriende su territorio y su entorno de inigualable belleza para botar al mar y a sus costas las 600.000 toneladas anuales que produce en solamente desechos. Entre los que se cuenta las emisiones masivas de gases tóxicos, provocadores del efecto invernadero; gases sulfurosos que contribuyen a la lluvia ácida en una zona que precipita más de 3000 milímetros anuales en el litoral y que tiene suelos de peligrosa permeabilidad.
No. No quisiéramos que el bicentenario de nuestra patria coincida con la instalación de ninguna central nuclear, de ningún megaproyecto industrial de esos que prometen devolver la dignidad y los sueldos justos a sus trabajadores. Porque –como se ha demostrado en los estudios ambientales-, todo eso no es más que una gran mentira y una ilusión demagógica que no resiste ni un mínimo análisis de rigor. Ni siquiera el de la falacia económica.
¿Qué queremos para el 2010?
1. Un corredor bioceánico que permita el trasladado expedito de productos y de personas entre las costas del Atlántico y del Pacífico y que signifique, al mismo tiempo, un acto de integración vial y de unidad con la república Argentina.
2. Leyes de excepción y protección para el desarrollo de la industria pesquera y el desarrollo de la pequeña y mediana empresa salmonera.
3. Desarrollo del ecoturismo y de la industria hotelera que permita el fácil traslado de las visitas a los lugares de esparcimiento y prácticas deportivas.
4. Una ley de fomento a la actividad cultural en la región, que permita la producción de la industria editorial y la producción discográfica, plástica y musical, de manera que todos los cultores del arte y la creación de la Patagonia chilena y argentina, puedan publicar y difundir sus obras y alcanzar la fisonomía maciza que requiere la región.
5. La creación de un Centro de Investigaciones Regionales y de un Museo Regional, destinado al resguardo y la difusión de los lugares arqueológicos, las cuevas con pintura rupestre de más de seis mil años, y, en general, el resguardo del legado histórico y artístico de Aisén.
6. El uso del gas natural, que sustituya a la leña como fuente de energía y calor.

Para terminar, déjeme recordar como era mi Lago Verde ese año que ya conté: El arroyo Pan de Azúcar estaba repleto de salmones y peladillas. A la llegada al Lago pastaban y descansaban enormes bandadas de Caiquenes y avutardas, el ganso salvaje de la Trapananda. En el agua cantaban las taguas, el pato picaso y el pato lile en cantidades incontables. Era un bullicio que se elevaba con majestuosidad en medio del silencio del agua y los árboles. Más allá, en los barriales, las gallaretas, el chucao, y las lechuzas de ojos sabios nos miraban desde muy cerca. Hace unos ocho años volví a recorrer los mismos lugares y no había absolutamente nada, como si un cataclismo lo hubiese borrado todo. Bastó la introducción de un mamífero de rapiña –el visón- para que no quedara un solo pájaro junto a esos lagos. Tal como había ocurrido con nuestras etnias –con los chonos, con los tehuelches pampinos y los alacalufes de la costa- bastó una poca dosis de torpeza para que todo desapareciera de un paisaje, y esos lugares perdieran el atractivo de la pajarería y de la vida silvestre que le era tan propio. Ya tenemos un desastre que debiera figura entre las grandes atrocidades de la historia humana: Los incendios forestales de la década del 30 y el 40 que arrasó con más de tres millones de hectáreas de maderas al bosque de Aisén: manío, ñires, radales, cipreses, lumas y ciruelillos cercenados para siempre.
(El general Ibáñez aplaudía a los que transformaban la tierra en praderas para la ganadería. Se ofrecía una bonificación especial a aquellos colonos que mostraban los campos limpios a la espera de cualquier cultivo: “Ya se reforestará “ dice Luis Oyarzún que contestó Ibáñez cuando le reprochó por las humaredas de los campos ardiendo: “... como si el suelo fuera eterno y no estuviera también–como los seres vivos- expuestos a morirse antes de tiempo” (Oyarzún,13).
Puede ser que las generaciones futuras, como ya ocurre un poco más al norte tengan que ir a un zoológico para conocer un caballo o una avutarda. O como nosotros, recordar el canto de algún pájaro en una grabación estereofónica. O que la brisa de la mañana al levantarnos, en vez de un olor a madera húmeda, traiga un letal olor a aluminio o gasolina. Ese día llegará a Aisén el Juez Supremo, que hará suya la parábola de los talentos: “Te di un pedazo de la tierra bien plantado de árboles y amenizado por aguas y ahora me lo devuelves yermo. Ahora sabes. Te lo di para probarte, para ver quién eras. Te lo di cargado de flores, liviano de cantos. Mira lo que me entregas. No me importan tanto la tierra como lo que hiciste con ella. Yo puedo crear dondequiera otra tierra, otras tierras. Pero tu propia destrucción me importa y me cuesta. La tierra es tu retrato. Mírate en estos cerros secos, agrietados, satánicos. Aquí no brotan semillas. Ni siquiera malezas. ¿No es este tu propio rostro?”.



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